
Una vez recorridos todos los pasillos, y después de más de un empujón entre los miles y miles de sabios compradores, nos dispusimos a tomar un menu "Jungerflinger" compuesto por unas maravillosas albóndigas suecas, que a parte de estar rancias, yo creo que eran de lata. Y un jugoso salmón, que aparte de estar reseco sabía a jabón.

Eso si entre medias te explican gentílmente porqué tengo que recoger la mesa y limpiarla, que digo yo..., que en España normalmente la mesa las limpian y recogen los camareros, ¿no?.
En fín, toda una experiencia, para al final ir tu mismo al almacén (pasillo 31, seción 25), a recoger la cama de niño que dos horas ántes hemos podido ver en la exposición, y que resulte que te encuentres un bonito cartel donde te avisan que todavía no está disponible. ¡Y para que la ponen entonces en la exposición!, ¡si todavia no la teneis!. ¿Para que pique y me lleve un lote de las cosas más inútiles del mundo?. Pero eso sí, ¡de diseño Sueco!... Manda hue...


